


TLC EN EL AGRO: ASIMETRÍAS MAS TRATO DESIGUAL
-Los Estados Unidos excluyeron 47 líneas arancelarias
-Costa Rica sólo 2 y el resto de países 1.
Diputado Gerardo Vargas Leiva
Partido Acción Ciudadana
Diversos sectores han señalado que el Tratado de Libre Comercio suscrito entre República Dominicana, Centroamérica y los Estados
Unidos (TLC), en materia agrícola es un tratado injusto porque pretende colocar en una relación de igualdad formal para la liberalización
comercial a estas naciones, sin considerar las abismales asimetrías que existen entre ellas.
En especial, se ha cuestionado el hecho de que se obliga a los países centroamericanas a eliminar casi en su totalidad los aranceles
para la protección de su producción local de alimentos, sin obligar a los EEUU a reducir los millonarios subsidios y ayudas internas que
otorga a sus productores. Un enfoque, que contraviene, incluso, los principios sentados en el marco de las actuales negociaciones de la
Organización Mundial del Comercio, en las que, aunque de manera tímida, se ha reconocido la necesidad de otorgarle un “trato
especial y diferenciado” a los países en vías de desarrollo, que reconozca en alguna medida la posición de mayor vulnerabilidad en la
que estos se encuentran.
Es mucho más preocupante constatar que, en el marco de este TLC, no sólo se ignoraron tales desigualdades, sino que expresamente
se le brindó el trato más beneficioso a EEUU. Es decir, a la Parte más fuerte de la relación comercial.
Esto último se hace evidente en el tratamiento que se le dio a los productos sensibles de cada país. Los negociadores del TLC nos han
dicho que a cada una de las Partes solamente se les permitió excluir un único producto del proceso de eliminación de aranceles
(desgravación arancelaria), lo que ya de por sí es cuestionable, considerando las grandes asimetrías antes apuntadas.
En este sentido, han afirmado que, mientras EEUU excluyó el azúcar, Nicaragua, Honduras, Guatemala y El Salvador excluyeron el maíz
blanco y Costa Rica hizo lo propio con la papa y la cebolla.
Las naciones centroamericanas efectivamente excluyeron una única línea arancelaria (maíz blanco fresco), salvo Costa Rica que
excluyó dos (papa y cebolla frescas).
Sin embargo, en el caso de EEUU la realidad es otra. Este país no sólo excluyó el azúcar. Además se le permitió mantener
indefinidamente sus aranceles para otras 47 líneas arancelarias, que abarcan una gran cantidad de mercancías que van desde
sustitutos del azúcar hasta productos industrializados derivados de este.
En efecto, como se puede constatar en el Anexo 3.3 del Capítulo 3 “Acceso a Mercados” del TLC (“Notas Generales de EEUU”, página
9) y en la Lista Arancelaria de ese país (Páginas 53 a 80), además de la caña de azúcar en bruto y del azúcar refinada, EEUU excluyó
una amplia variedad de productos sustitutos o derivados del azúcar como: el azúcar de remolacha, el jarabe de maple, la glucosa y el
jarabe de glucosa, la fructuosa y el jarabe de fructuosa, los jarabes mezclados, la confitería “con alto contenido en azúcar”, el cacao en
polvo con adición de azúcar u otro edulcorante, el chocolate y demás preparaciones con cacao “con alto contenido de azúcar”, las
mezclas y pastas para preparación de panadería, pastelería o galletería, las preparaciones alimenticias de harina “con alto contenido de
azúcar”, las preparaciones de jarabe mezclado a base de extractos o esencias de café o de té, los condimentos y sazonadores mixtos,
y las preparaciones alimenticias con contenidos de sólidos de leche superiores al 10%, entre otros.
Todos estos productos quedaron sujetos a la categoría de desgravación “H”, que significa que las importaciones de los países
centroamericanos deberán seguir pagando los aranceles establecidos por EEUU, de forma indefinida.
De esta forma, el Gobierno Estadounidense no sólo protegió a los productores de caña de azúcar y remolacha de su país,
asegurándoles la posibilidad de seguir vendiendo sus productos como materia prima, sino que además, buscó garantizarles su
participación en las cadenas agroindustriales vinculadas a la producción de azúcar y la oportunidad de darle valor agregado a sus
productos. De paso, mantuvo altos niveles de protección para otros sectores agroindustriales e industriales relacionados con la
industria azucarera.
Centroamérica, por su parte, ni siquiera recibió un trato igualitario para los productos sensibles que excluyó. No se estableció
consideración alguna para resguardar la facultad de los productores centroamericanos de participar en las cadenas productivas
vinculadas con su actividad, como sí lo hicieron los EEUU.
En el caso del maíz centroamericano, no se excluyó ningún derivado de este producto, a pesar de su importancia para la alimentación
de la población. Ni la harina de maíz, ni los preparados a base de maíz. Ni siquiera las tradicionales tortillas fueron protegidas.
Igual ocurrió con la producción de papa y cebolla costarricense. Nuestros agricultores seguirán condenados a ser simples productores
de materia prima, a merced de los intermediarios, sin opción de darle valor agregado a su producción. A pesar de que existía el claro
antecedente de las concesiones otorgadas a EEUU para su industria azucarera, quienes negociaron a nombre de Costa Rica no
exigieron que, como mínimo, se les diera un tratamiento igual a los principales productos derivados de la papa o la cebolla.
Las papas prefritas y los demás derivados de la papa fueron sometidos a la eliminación de los aranceles en condiciones peores a las
negociadas en el TLC con Canadá (liberalización absoluta en 5 años para las papas prefritas). Cabe recordar que estos productos ya
habían sido objeto de una importante disputa en el marco de dicho tratado, precisamente porque se limitaba, en beneficio de los
importadores, la posibilidad de los productores nacionales de diversificar su actividad e incursionar en un segmento del mercado
altamente rentable. Una tendencia que, sin lugar a dudas, se agravará con este TLC.
Tampoco fueron protegidos otros productos elaborados a base de cebolla como los encurtidos, a partir de los cuales los productores
nacionales podrían realizar exitosos encadenamientos productivos.
En su reciente discurso de inauguración de la IV Cumbre de las Américas, el Presidente de Argentina, Dr. Nestor Kirchner apuntaba
que: “a la hora de analizar el sistema de comercio internacional, subsidios agrícolas o barreras arancelarias, hay que tener en cuenta las
asimetrías y los diferentes grados de desarrollo. Porque la igualdad es un concepto valioso y necesario, pero sólo aplicable a los que
son iguales. Igual tratamiento para los diferentes; igual tratamiento entre países poderosos y débiles; igual tratamiento entre economías
altamente desarrolladas y economías emergentes, no sólo es una mentira sino que, además, resulta una trampa mortal.”
Doble mentira entonces y mayor la trampa mortal con un acuerdo que contempla un tratamiento especial y diferenciado, pero para
beneficiar explícita y groseramente al país más poderoso. Un tratado donde las asimetrías son ignoradas y, lejos de introducir
mecanismos compensatorios, algunas de las naciones más pobres del mundo le otorgan un número abrumadoramente mayor de
concesiones sobre las reglas generales pactadas a la economía más fuerte del planeta. Todo a vista y paciencia de sus gobernantes.
Sin duda, un nuevo paradigma en las relaciones comerciales internacionales. Esa es la realidad del TLC suscrito por el gobierno de
Costa Rica con EEUU.