


¿Tendremos memoria de pez en Costa Rica?
Dr. José Rodrigo Rojas M.
Biólogo
Cuenta Ramón Buenaventura en su libro "La Memoria de los Peces", que estos animales tienen tan poca memoria que nunca se
aburren en sus peceras, porque no recuerdan donde viven, ni lo que acaban de ver, todo les va pareciendo nuevo e incluso
emocionante. ¿No creen que algo similar nos ocurre en Costa Rica?. Parece que viviéramos en peceras, bueno aunque algunos
en grandes piscinas o acuarios, distraídos, sin acordarnos jamás de lo vivido, ni mucho menos lo que toca por vivir, de todos
modos como dice el tico "porta mi". Esa idiosincrasia nos ha empujado a una suerte de narcosis, confinados y sin norte y con
una incomodidad popular, in crescendo, generalizada por un denominador común de patologías sociales sin parangón.
Como cada quien vive en su pecera, colectivamente olvidamos que somos un país construido a machete, pala y arado y un
estado democrático ejemplar en el mundo, con una estructura y base social que ha hecho posible que millones de seres
humanos, no solo costarricenses, se beneficien de la cobertura de los sistemas de salud, vivienda y educación, Pareciera que
una vuelta en la pecera sea suficiente para olvidarnos de la lucha que los próceres de la patria dieron para ser libres con
derechos sagrados y no ciervos menguados.
Quizás ni recordemos que significa ser ciervos menguados, más ahora que se nos propone cambiar nuestro modelo de
desarrollo y firmar un tratado comercial. Un TLC que, según el acuerdo 5058 del Consejo Universitario de la UCR, contraviene
aspectos de la constitución política y pone en riesgo el estado social de derecho. Nos olvidamos de las asimetrías naturales que
existen entre nosotros y los Estados Unidos, condición que nos pone en franca desventaja, en desigualdad de oportunidades y
ante una falsa competencia en las negociaciones comerciales. Un TLC que prioriza la ganancia y la acumulación de capital por
encima de los derechos humanos y la sustentabilidad. Ojala que nos alcance, como sabia y valientemente lo menciona Monseñor
Ignacio Trejos Picado, para una profunda dosis de reflexión, con miras a cumplir con la vocación de ser un modelo de libertad en
el concierto de las naciones.
A veces nuestra pecera queda a oscuras, pero que importa si de todos modos nos es indiferente como nos provean de energía y
menos nos va a importar averiguar las causas que conllevaron a racionamientos energéticos, ya ni nos acordamos de los
apagones. Apuesto que nos olvidamos que hemos destruido, regalado, alquilado o vendido más de la mitad de los bosques, las
playas y las montañas y que se han alterado de forma irreversible nuestros ríos, los cuáles se desangran día a día víctimas de
millones de toneladas de contaminantes, basura y olvido. Pero si se nos olvido esto, quizás con más razón las palabras que una
diputada en mayo del 2006, dijo sobre el interés de poner a Costa Rica en movimiento y consolidar las bases para ser el primer
país desarrollado de América Latina y una patria integrada por las oportunidades. No hay oportunidades para un país con
memoria de pez, con gentes que se miran las heridas y no consiguen recordar cuándo ni cómo se las hicieron, porque olvidamos
la historia y nos transformamos en hombres y mujeres con amnesia obstinados en repetir los mismos errores.
Se nos olvido que hay futuras generaciones que nos reclamaran por lo que estamos haciendo o por lo que no hicimos. Se nos
olvidó que no es posible mejorar la sociedad si el cambio no empieza por mí. No nos olvidemos que somos una sociedad
especial, envidia de las naciones, que la mano de Dios ha estado sobre nosotros muchas veces cuando hemos visto lo que ha
sucedido en otros países. No podemos olvidarnos de la democracia, la paz y el amor que tenemos por la naturaleza, no nos
entreguemos. Nuestro pueblo es de hombres y mujeres valientes que por sobre el crecimiento económico, amamos lo que
heredamos, amamos nuestro país. Por favor, que no se te olvide.