Siete preguntas sobre el referéndum (y un intento por responderlas)
por Luis Paulino Vargas Solís


Una vez que el Tribunal de Elecciones dio luz verde a la realización del referendo, un millón de preguntas se desgranan. Algunas son
propiamente jurídicas, y ello ha dado lugar a un debate que, desde la acera del movimiento ciudadano de oposición al TLC, está siendo
bien librado por gente calificadísima. También surgen muchas incertidumbres en el terreno político que intento sintetizar y, en lo posible,
responder.

1. ¿Es el referendo un mecanismo intrínsecamente democrático?
No, no lo es. Es un mecanismo propio de la democracia formal, pero ello no garantiza que su contenido sustantivo sea efectivamente
democrático, como no lo son los torneos electorales cuatrienales. Estos últimos se deciden casi enteramente en función del poder
económico que cada candidato o partido moviliza, se despliegan como un torneo de marketing mucho más que como una oportunidad
efectiva para el debate de ideas y propuestas y evolucionan bajo el influjo muy poderoso de los mega medios y, por lo tanto, bajo el
signo del escándalo y el amarillismo. En esas circunstancias por lo general no se elige un programa político respetable ni un líder o un
partido que, con honestidad y transparencia, representen ese programa. Lo usual es que gana quien mejor se mercadea, quien más
dinero tiene para comprar conciencias, quien resulta más simpático a los poderes mediáticos. Esto no pasa de ser una degradación de
la democracia, cuando no una forma descarada de corromperla. Si democracia es gobierno de y para el pueblo, tal espectáculo
circense no merece ese nombre.
Existe el riesgo, muy real, de que, de forma similar, el referendo sea corrompido y desvirtuado. Tomemos nota de un detalle
incontrovertible: las corporaciones mediáticas son simples y desembozados instrumentos de propaganda del TLC y, sin la menor duda,
lo seguirán siendo. Agreguemos dos datos: (a) la injerencia descarada del embajador estadounidense, cosa que claramente ratifica que
detrás de él, y desde fuera de nuestras fronteras, se movilizarán muchos millones a favor del TLC; y (b) la beligerancia de las cámaras
empresariales tradicionales, lo cual igualmente advierte que de ahí saldrán muchos millones más. En conclusión: preparémonos para un
inmenso show publicitario, cargado de manipulación y generoso en sobornos.
¿Perderá entonces el referendo su carácter democrático? El riesgo, ya lo dije, es real y tan solo el pluralista Movimiento del No está en
condiciones de marcar una diferencia que lo impida. De nosotros y nosotras depende –en lo que sin duda exigirá un esfuerzo heroico
salvar el referendo para el pueblo y darle auténtico contenido democrático. Ello demanda vigilancia y escrutinio; denuncia, organización y
movilización. Un trabajo enorme, enorme. Nada menos…

2. ¿Qué peso tendrá el marketing y la propaganda en la definición del referendo?
Depende. Eso sí, como he dicho, no nos quepa duda de una cosa: se nos vienen encima correntadas de propaganda. Pero advirtamos
un detalle importante: se ha abusado de la publicidad y de la manipulación mediática hasta niveles tan extremos, que ya nada les queda
por agregar y, en cambio, el efecto de sus diatribas ha tendido a disminuir. Después de tal cantidad de millones despilfarrados y de
tantas mentiras proferidas desde los grandes altavoces mediáticos, hoy el pueblo tico debería estar cantando loas al TLC. En cambio,
ha aumentado la cantidad de gente que le dice no y, sobre todo, el porcentaje de quienes están escépticos. Esto debe tener
terriblemente preocupados a las oligarquías telecistas. A ver cómo resuelven la cosa: que sus millones de dólares en publicidad y los
innumerables espacios mediáticos de desinformación alcance un nivel mínimo de eficacia ¿Cómo recuperarán credibilidad si, según se
constata, cada vez se les cree menos? Problema de ellos. No seré yo quién les sugiera ninguna posible salida.

3. ¿Qué papel tendrán las maquinarias partidarias?
La que siempre han tenido. Ese papel es conocido y se bifurca en dos componentes: aprovechar la ingenuidad y la desinformación a fin
de manipular y, como refuerzo oportuno, sobornar y comprar conciencias mediante las usuales ofertas clientelares (bonos de vivienda;
“diarios” del IMAS, etc.). Sí, claro, la ley lo prohíbe, como prohíbe que vengan dineros de afuera. Pero, por favor, no nos hagamos los
cándidos. No será la ley la que logre persuadirlos ¿Qué podremos hacer? Lo que, en general, debemos hacer: ojos abiertos y oídos
atentos; antenitas encendidas; mucha malicia indígena y mucha fisga campesina. Detectar la chanfaina a tiempo y…denunciar,
denunciar, denunciar. Y consolidar una movilización permanente. Tengámoslo claro: el referéndum no sustituye la movilización
ciudadana. Tan solo abre nuevos escenarios de lucha.
En todo caso, no pasemos inadvertido un detalle: maquinarias partidarias queda una sola: la de Liberación, cuya corrupción interna y
capacidad corrompedora no admiten discusión. La de la Unidad es menos que un carretón desvencijado y la de los libertarios se agota
en los aspavientos intransigentes de su jefe. El PAC –que en esto ha de estar de nuestro lado– tan solo posee una base popular muy
débil. Su líder-candidato conserva cierto poder de convocatoria pero es ideológicamente confuso y políticamente inconsistente. También
con él hemos de estar atentos y desconfiados para frenarlo en seco cada vez que ello sea necesario.
Reitero algo dicho dos párrafos arriba: la manipulación opera cuando hay desinformación. De ahí la imperiosa necesidad de informar a
la gente. Ello demanda un esfuerzo inmenso, pero es improbable que de ninguna otra forma pueda neutralizarse tal manipulación.

4. ¿Por qué Arias, La Nación, las cámaras y hasta el embajador gringo “apoyan” el referendo?
Mejor fuera invertir la pregunta: ¿Y por qué no habrían de “apoyarlo”? Y conste que la palabrita está entrecomillada. Insisto: no nos
hagamos los ingenuos. Esta gente no apoya nada como no sean los grandes intereses que representan o aquellos de los que son
directos y personales portadores. Punto. La democracia les vale tanto como pueda interesarles cualquier otra cosa que se amolde
convenientemente a esos intereses. Ese es, siempre, su proceder: el de un pragmatismo crudo y ramplón. Convicción es una palabra
que no tiene sitio en su diccionario.
Ellos no apoyan el referendo. Tan solo quieren que el referendo se acomode a lo que les conviene y, sin duda, trabajarán para lograrlo,
como hasta hoy se han afanado para que la tramitación legislativa del TLC y su agenda de implementación, se amolde a sus caprichos.
Seamos realistas: las cosas son así. Punto. No nos distraigamos en divagaciones inútiles. Sabemos que tratarán de manipular, engañar,
sobornar, corromper. Y tengamos muy presente algo que ya está ocurriendo: el chantaje patronal sobre los trabajadores y trabajadoras,
en especial, pero no exclusivamente, en empresas exportadoras. La insinuación de despido –más o menos implícita a tal chantaje– tiene
un tremendo poder disuasivo, justamente porque amenaza la seguridad económica.
No será fácil, pero precisamente porque no lo es hay que aguzar la creatividad al máximo, a fin de tratar de romper ese siniestro círculo
vicioso de manipulación, engaño y chantaje.

5. ¿Y qué cabe esperar del Tribunal de Elecciones?
Difícil responder, justamente porque solamente un detalle es aquí claro: el Tribunal no es de confiar. Ante esto solamente una regla
conserva validez: el estar atentos, atentísimos. Y denunciar y mantenerse en ejercicio de movilización permanente. Reitero lo dicho: el
referendo no sustituye la organización y movilización de la ciudadanía.

6. ¿Cómo llevar adelante la lucha? ¿Internet, en las comunidades y barrios, en las calles de las  ciudades…?
Mi respuesta: en todos lados, sin excepción. Me resulta descabellada la sola insinuación de que ya no hay que trabajar con la Internet
sino en los pueblos y barrios. Igual cuando alguien afirma que ya Internet está suficientemente copada y que hay que recurrir a otros
medios. El problema con estos razonamientos es que establecen oposiciones donde no existen.
A lo sumo conviene diferenciar las características de cada espacio de lucha, a fin de aprovecharlo de la mejor forma posible. No interesa
si más de esto o menos de aquello. Se trata de capturar cada espacio disponible, centímetro a centímetro y de la forma más apropiada,
según sus peculiaridades. Reconozcamos que hay un ámbito virtualmente impenetrable: el de las grandes corporaciones mediáticas
que, a lo sumo, fingirán pluralidad (fingiendo vienen desde que existen). No nos desgastemos más de lo estrictamente necesario
reclamando ahí lo que no nos van a dar. Trabajemos los otros espacios. Reitero: trabajémoslos centímetro a centímetro, con la necesaria
selectividad y sin falsas oposiciones. Nunca mucha Internet será suficiente. Nunca el diálogo en pueblos y caseríos y barrios y salones y
aulas será suficiente. Nunca sobrarán volantes ni canciones ni coplas ni serenatas. Nunca será suficiente. La regla es clara: en lo
posible, no dejemos vacío ningún rincón.

7. ¿Cómo orientar las estrategias de persuasión popular?
El Movimiento del No al TLC reúne los sectores más avanzados del pueblo costarricenses. Enorme red de movimientos en red, es,
asimismo, escenario de riquísimas pluralidades y ejercicio cotidiano de la democracia como forma de vida y no como discurso hueco.
Somos la parte del pueblo costarricense que se ha politizado a profundidad, constructora de nuevos referentes éticos, nuevas formas de
convivencia e, incluso, nuevos proyectos de sociedad. Somos, sin más, el movimiento ciudadano de vanguardia en la Costa Rica actual.
Pero no somos todo el pueblo. Una gran parte de éste continúa vacilante frente al TLC, quizá en ignorancia o simplemente enajenada a
los efectos manipuladores de la propaganda. A ese pueblo hay que saber convencerlo y atraerlo a nuestra causa.
¿Cómo? Creo que la fórmula ha venido siendo desarrollada y afinada en enorme labor colectiva. La resumo en una frase: respeto por
nuestra gente. Respeto por su inteligencia y su sensibilidad. No necesitamos mentir ni manipular.
Y, por cierto, sistemáticamente hay que eludir la trampa de creer que nuestro pueblo es tontito y manipulable. Debemos poder hablar su
lenguaje que, sin duda, no es un lenguaje académico pero tampoco es el de las viejas izquierdas. Es un lenguaje llano pero con muchos
matices y capacidades expresivas. Es en parte racional pero, sobre todo, es lenguaje que transmite sensibilidades profundas,
emociones complejas, aspiraciones hermosas.
¿Qué le preocupa a nuestra gente? ¿Qué la motiva y entusiasma? ¿Qué la enoja o entristece? ¿Qué reclama y espera de la sociedad
donde vive? ¿Por qué desconfía de los políticos y los partidos? ¿Por qué se volvió escéptica frente a este sedicente sistema
democrático? ¿A qué aspira para su futuro y qué esperanzas alberga? ¿Qué quisiera para sus hijos e hijas? Tratemos de entenderlo,
por favor. Tratemos de decodificar el TLC en el lenguaje de nuestro pueblo y en el registro particular de su sensibilidad.