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1- Comparto las apreciaciones de don Arnoldo, en el sentido que el gobierno pone su acento en lo relacionado con su único proyecto: el TLC, lo demás es populismo
de derecha que comentaristas como Montaner no se atreven a criticar cuando proviene del pensamiento neoliberal, que sirve para enajenar a los más pobres y
asegurarse un "buen" gobierno, pero eso sí, descuidando  otras áreas prioritarias que están más allá de "tapar huecos" y dar bonos de diversa índole. En pocas
palabras no hay proyecto de país, pero sí un proyecto neoliberal  para algunos que se consideran dueños del país.
Luis B. B.  
Criterios de calificación: 5 Muy interesante  4:Interesante  3:Regular   2:Irrelevante  1:Una perdida de tiempo
Arnoldo Mora  12-02-08
Segundo año de los Arias I y II
(Primera parte)

Mucho se habla hoy en día —y con razón— aunque con frecuencia con un marcado acento apocalíptico, del galopante e incontenible
recalentamiento del clima en el planeta; provocado, valga la pena insistir en ello, por causas no naturales, ni debido a la cólera divina
en castigo de los pecados de los humanos, como en el bíblico pasaje de Sodoma y Gomorra, sino por causas estrictamente humanas,
debido a la destrucción que las sociedades industriales están causando con razón de su consumismo tradicional de los recursos no
renovables que la Naturaleza tenía reservados por siglos en el subsuelo… Pero no voy a insistir sobre este flagelo que amenaza a la
supervivencia de la especie que se autocalifica sin merecerlo de “sapiens” (?) y que hace que, un día sí y otro también, no pocos
científicos y políticos denuncien con profética vehemencia a quienes irresponsablemente hacen oídos sordos ante este clamor que ya
se ha vuelto universal, como se hizo patente en la reciente cumbre celebrada en la paradisiaca isla indonesia de Bali.

Por hoy y en los próximos artículos, me ocuparé del clima político, ciertamente, pero no del planeta sino más modestamente, imperante
en nuestra pequeña y cercana Tiquicia y que se vive en los inicios del nuevo año. Si es costumbre en los negocios y en las familias e,
incluso, en la vida personal de muchos de nosotros, hacer un balance de lo más significativo del año que termina con el fin de sopesar
las perspectivas que se avizoran en el año que comienza, sería irresponsable no hacer lo mismo si de la vida política de la nación se
trata.

Pero más que hablar de actos individuales y concretos, considero que lo más importante en estas primeras semanas del presente año,
es tomar conciencia del nuevo clima político que hemos comenzado a vivir. No solo ha terminado un año y comenzado otro por el hecho
de que hemos arrancado un calendario y puesto uno que dice 2008; lo más importante es percibir que el contexto político ha cambiado,
mientras los ticos comían tamales navideños y luego empinaban el codo en Zapote y Palmares. Porque no solo hemos comenzado un
nuevo año cronológico, sino, y esto es lo más importante, hemos comenzado un nuevo ciclo en la vida política nacional. No es la
primera vez que estén sucediendo hechos relevantes —lo cual también es cierto— sino que el contexto dentro del cual suceden esos
hechos, les da un nuevo significado que sería miope no ver.

Lo anterior se debe —insisto— a los ciclos que rigen la vida política del país. Estos ciclos tienen que ver fundamentalmente con cada
uno de los cuatro años que, según la Constitución, constituyen el plazo de tiempo de que dispone un gobierno para ejercer el poder que
le fuera conferido en las últimas elecciones. Ninguno de estos cuatro años es políticamente idéntico. Es algo así como las cuatro
estaciones que marcan el clima en los países situados no cerca del Ecuador. Las estaciones se repiten, aunque siempre son muy
diferentes la una de la otra.

(Segunda  parte)

Hablando de los ciclos políticos que rigen la vida del país, las características que los distinguen son muy marcadas. En el primer año de
un gobierno, principalmente en sus primeros nueve o diez meses, el equipo que asumió el poder apenas se acomoda, quita a los que
estaban y pone su gente de confianza o a quienes debe favores de la campaña recién pasada, da nuevos lineamientos y, sobre todo
insiste, mediante una fuerte campaña mediática, en echarle la culpa de todos los males al gobierno anterior… así sea del mismo
partido, como sucedió en el primer gobierno de los hermanos Arias en 1986, cuando cargaron de críticas a don Luis Alberto Monge,
cosa que el ex presidente no perdona y se la tiene jurada a los Arias.

No fue tan difícil hacer lo mismo en esta ocasión, en que durante cuatro años Costa Rica demostró ante el mundo que tiene un sistema
político tan sólido y una población tan madura políticamente, que no tuvo necesidad de tener gobierno, pues Abel pasó por Zapote pero
Zapote nunca pasó por él o, al menos, nunca demostró en forma palpable de que alguna vez se hubiera percatado de que lo habían
elegido presidente.

Costa Rica no tuvo gobierno durante sus cuatro años. Por eso el régimen actual se dedicó a satisfacer las necesidades más
perentorias por las que la gente ha venido clamando: tapar huecos en las carreteras, controlar a quienes manejan ebrios, repartir bonos
de vivienda y becas a estudiantes. Para financiar estas promesas de campaña, el Ministro de Hacienda ha demostrado una insólita y
laudable diligencia en cobrar impuestos. Por su parte, el Banco Central ha venido subiendo —y seguirá haciéndolo— el valor del colón
y, con ello, hacer real un crecimiento en el poder adquisitivo de los ingresos de asalariados y pensionados; aunque ha fallado en sus
propósitos de disminuir la inflación, lo cual atribuye al aumento exponencial de los precios internacionales del petróleo. Más aún, para
tranquilizarnos a todos pero, sobre todo a los empresarios y banqueros, el presidente del Banco Central anuncia con bombos y platillos
que la crisis del sistema económico mundial, que ha creado un ambiente de funeral en Davos, no nos llegará a nosotros. Ojalá sea
cierto y que don Francisco no haya olvidado que mañana se le puede recordar aquello de que “por la boca muere el pez”.

Pero todas estas medidas, las tomó el régimen no tanto buscando un fin en ellas mismas, sino como un medio para acallar y
tranquilizar una opinión pública que demostró estar preocupada por decisiones que afectan su destino como nación y fijan rumbos a un
futuro para el cual no fue consultada. Por eso, el régimen resintió duramente el rechazo de, al menos, la mitad de la población, frente a
lo que consideró el programa principal de su gobierno, como es la aprobación del TLC en 2007 y de las leyes para su implementación
en 2008. El régimen ha empleado todas sus energías en esta batalla que cada día se le complica más.

Precisamente por estar obsesionado en la aprobación de todo lo que implica la puesta en vigencia del TLC, ha descuidado
irresponsablemente otros flancos a los que la opinión pública se ha vuelto cada día más sensible y cuya factura les está saliendo muy
cara a los Arias. Es aquí donde ha estado su talón de Aquiles, pues ha descuidado lo que todo el mundo considera el mayor de los
flagelos que se abate en estos momentos, como es la impotencia manifiesta frente a la galopante e irrefrenable violencia que se ha
vuelto el aire que los ticos respiramos a toda hora y en cualquier lugar. Pero hay algo más de lo que me ocuparé en el próximo artículo.