¿Retorno a la Guerra Fría?

Arnoldo Mora   5/29/2007

La controversia política en torno a la aceptación o rechazo del TLC con Estados Unidos, viene acaparando monotemáticamente la
atención de los ciudadanos, hasta el punto de llegar en estos momentos a una polarización tal que, ni siquiera la decisión del Tribunal
Supremo de Elecciones de llevar el asunto a un referéndum, parece haber calmado. Todo lo contrario. La decisión del TSE de aceptar
la tardía propuesta del Ejecutivo tiene visos de imposición de Zapote (“torcer brazos” se llama ahora la táctica) por temor a que la
inicial propuesta del Lic. José Miguel Corrales, mucho más democrática y ajustada a derecho, se les revirtiera y no diera los resultados
que los hermanos Arias desean.
Sin embargo, como dice nuestro pueblo: “No hay bien que por mal no venga”. Todos estos sistemáticos atropellos al Estado de
Derecho y a nuestras mejores virtudes cívicas se les han revertido, ya que han despertado sentimientos patrióticos que, hasta no hace
mucho, parecían dormitar en el subconsciente colectivo de los costarricenses. Como prueba de lo dicho tenemos, entre otras
manifestaciones, las eruditas y enjundiosas publicaciones en torno a la guerra contra los filibusteros (1856), acontecimiento que hoy
reviste más actualidad que nunca.
Ese patriótico clamor viene a unirse a un sinnúmero de voces que se han levantado desde el claustro universitario, desde el foro de
nuestros más honestos juristas, desde nuestros mejores pensadores sociales, economistas, politólogos, sacerdotes y teólogos,
periodistas y forjadores de opinión, artistas, creadores del arte y de las letras, entre otros ilustres compatriotas, reivindicando derechos
fundamentales que se verían irremediablemente conculcados si se llegara a imponer un TLC, que parece haber sido redactado por
émulos de William Walker. Como dice ese insigne discípulo de Monseñor Sanabria, el obispo emérito Ignacio Trejos, quienes dirigen
la campaña por el sí al TLC solo actúan movidos por la avaricia y el deseo desenfrenado de hacer negocios a costa de los mejores
valores de la Patria.
Es por eso que, al verse desnudados en sus inconfesables propósitos y frustrados por no poder “torcer el brazo” a nuestros mejores
ciudadanos, que han encontrado eco en la mayoría de los costarricenses, a un grupo (“una gavilla” hubiera dicho el prócer Juanito
Mora), desde el gobierno y desde las cámaras patronales y sus cómplices mediáticos, no les ha dado su escuálida imaginación sino
para revivir las que creíamos desaparecidas “voces del odio”, provocando un peligroso ambiente de polarización social y terrorismo
político que nos hacen revivir los que, ingenuamente creíamos idos, tiempos de la Guerra Fría. Pretenden ver complots que, en sus
neuróticas mentes, suponen urdidos en el eje La Habana-Caracas, sin aportar prueba ninguna.
Es por eso que, cuando en la noche del viernes pasado nuestro máximo coliseo de Cultura, el Teatro Nacional, se revistió con sus
mejores galas en medio del delirio de un numeroso público, porque se presentaba en velada memorable un maravilloso elenco de
jóvenes talentos formados por la Revolución y que conforman el celebérrimo Ballet Nacional de Cuba y el propio Arias se mostraba
extasiado, me decía para mí, si al hablar Oscar de “cinismo”, no está confirmando aquella sentencia de la sabiduría popular que dice:
“Dime de lo que hablas y te diré lo que eres”.