Perdón
Fr. Erick Marín Carballo

Pido perdón por el atrevimiento de pensar, sentir y soñar. Admito creer firmemente en las alternativas, los caminos, las posibilidades,
los corazones unidos. Todo en plural. Rechazo que me digan: “Ésta es la única opción”.
¡Me declaro ser humano pensante!

Pido perdón por no apoyar el TLC. Admito proponer alianzas solidarias, desinteresadas y defensoras de los más débiles. Rechazo los
acuerdos que conducen a la muerte progresiva y sistemática de los pobres.
¡Me declaro ser humano inconforme!

Pido perdón por mi enojo ante la mentira, la manipulación y el encubrimiento de la verdad. Admito encontrar en Costa Rica cuentos
futuristas,  aprovechamiento del dolor ajeno  y uso descarado del miedo como forma de convencimiento. Rechazo que me digan:
“Tendrás que salir del país para encontrar trabajo”. En México el TLC entró en vigencia hace más de diez años, entonces, ¿por qué
miles de hermanos mexicanos siguen cruzando la frontera?
¡Me declaro ser humano indignado!

Pido perdón por relativizar los fríos números y las encuestas. Admito enfrentarme todos los días a historias reales, no a datos
estadísticos. Conozco muy bien los pueblos centroamericanos, sus experiencias y sus luchas. No me lo han contado ni lo he leído,
haciendo camino con estos pueblos es fácil comprenderlo. El TLC vigente ya en estos países les mantiene en la miseria, el hambre y el
desempleo. Claro, no a todos, únicamente a las mayorías. Rechazo toda información desligada de los rostros concretos y de los
dramas cotidianos.
¡Me declaro ser humano sensible!

Pido perdón por no comprender que las mercancías sean más importantes que las personas. Admito creer que las relaciones
comerciales han de estar en función de la vida de los seres humanos y de las demás criaturas. De todos y de todas. Rechazo la
idolatría al libre comercio y la negación de una vida con dignidad en aras del egoísmo de las élites.
¡Me declaro ser humano cuestionado!

Pido perdón por no pensar en un país sino en pueblos hermanos. Admito creer que el destino de Costa Rica ha de estar vinculado al
destino de los pueblos latinoamericanos. Rechazo la preocupación exclusiva por “el bienestar de Costar Rica” o “el futuro de Costa
Rica” olvidando el grito de mis hermanos, fuera de nuestras fronteras.
¡Me declaro ser humano incluyente!

Pido perdón por pensar más allá del siete de octubre. Admito creer que defender la libertad, la justicia y la solidaridad no se limita a la
participación en un referéndum. Requiere la conciencia de sabernos protagonistas de nuestra propia historia, el coraje de luchar por la
implementación de leyes justas y la audacia de hacer camino unidos a quienes persiguen el mismo sueño. Rechazo visiones corto
placistas.
¡Me declaro ser humano visionario!

Pido perdón por no olvidar a quienes vivieron antes que mí, sus luchas, su herencia y su trabajo honesto. Y a los de hoy, a aquellos que  
viven con autenticidad. Admito ser hijo de un espíritu fraterno, inteligente y humanista. Curiosamente poco globalizado. Rechazo olvidar
su memoria y apartarme de su legado.
¡Me declaro ser humano con raíces!

Pido perdón por ser religioso. Admito no ser neutral. Mis convicciones son fruto del Dios en cual creo: un Dios que no fue neutral. Un
Dios que no permaneció indiferente ante el clamor de su pueblo oprimido. Un Dios que en Jesús de Nazareth se hace historia pobre,
marginada y perseguida. Un Dios con entrañas de misericordia.

Admito no poder separar mi fe de mi persona. Quizá ayude saber que mi ser religioso no es una profesión, no se restringe a un
horario, no es una camisa que se quite o se ponga según la ocasión.

Admito sentirme en comunión con hombres y mujeres de diversas lenguas, religiones y culturas. Me siento enlazado con la vida en sus
diversas manifestaciones. Me uno a sus voces y a sus luchas para expresar: “Creemos firmemente en las alternativas, los caminos, las
posibilidades, los corazones auténticos”. Siempre en plural.

¡Sospecho que no estamos solos!