Nobel de la paz toca los tambores de guerra
Licda. Leonor Isabel Antillón Sargent

En la imposibilidad de convencer sobre las bondades del TLC, don Óscar Arias recurre a la imposición y a las fábulas. A torcer brazos
en las instituciones: en el TSE, rompiendo las garantías electorales, lo que no se veía desde 1948, para que el gobierno participe y
favorezca abiertamente una tendencia electoral, con toda su fuerza y gastando los recursos del Estado; en la Sala Constitucional, para
que diga que es constitucional lo absurdo, lo indigno y lo dañino, como que el Estado se someta a la voluntad de cualquier
inversionista del tratado y a la ley que éste escoja.

A la imposición mediante el engaño, afirmando fábulas falsas con las que ofende la dignidad del pueblo, como que vendrán miles de
empleos, cuando lo cierto es que se perderán, tal como lo demuestran, tanto el caso de México, después de más de diez años, como
el de Centroamérica un año después. O que la balanza de pagos mejorará, pese a que ha sucedido todo lo contrario con los TLC
firmados desde hace años con Chile, México y Canadá; o que vendrá inversión extranjera, pese a que ésta ya ha venido y sigue
viniendo a Costa Rica, y mucho más que a Centroamérica, ahora con TLC –y seguirá viniendo– porque esa atracción depende de
otros factores que el país ya tiene; o que el TLC da la seguridad frente a los Estados Unidos de que es un instrumento bilateral, pese a
que la Ley de Implementación de ese país dice todo lo contrario, pues nadie puede alegar frente a los Estados Unidos derecho alguno
con base en ese Tratado.

Para ese efecto don Óscar está en plena campaña y desde la Presidencia no hace otra cosa, y actúa como si esto fuera una guerra,
tratando a quienes se le oponen como a enemigos. Así lo hace en sus discursos y con sus actitudes prepotentes. Con esto azuza a
ciertos grupos a favor del Sí y a la prensa que lo apoya para que hagan lo mismo, tal como se puede ver en el lenguaje de dicha
prensa y sus comentaristas, y en la propaganda del Sí. Ahora, para todos estos, quienes nos oponemos al TLC somos comunistas,
palabra que en los tribunales se califica de ofensa, agitadores y compañeros de viaje y colaboradores de Fidel Castro y Hugo Chaves
(quien es chavista es el Presidente, que está actuando como éste). Y las universidades, que “cometen el delito” de pensar, y defender
los intereses públicos, tal como es su deber constitucional, son peligrosos centros de agitación y de empleo de fondos públicos en
actividades indebidas, (ellos sí, el Presidente no).

Todo esto configura un descarado caso de imposición y violencia moral y verbal, además de engaño, impropios totalmente de quien,
como Presidente y además, Nobel de la Paz, de lo que se ha aprovechado mucho, ahora, de manera sumamente grave, toca a los
cuatro vientos, y en forma pública, los tambores de la guerra, en contra de su propio pueblo.