


Monseñor Ignacio Trejos, mi Buen Pastor
Dra. Jetty Gross Robles.
Para nosotros los que seguimos el Cristianismo, el neoliberalismo es esencialmente inicuo, es pecado, pecado mortal, porque mata.
Un juicio simplemente humano y con más razón si es cristiano, sólo puede condenar de raíz el neoliberalismo y el Tratado de Libre
Comercio entre Centroamérica y EEUU, su filosofía y su práctica. No negamos, evidentemente, el derecho y hasta la necesidad del
mercado. Siempre, a su modo, la humanidad, lo ha ejercido. Negamos, eso sí, la primacía y la totalidad del mercado. Ser humano no
es solamente comprar o vender. El lucro a toda costa y sin otras consideraciones y el consumismo desenfrenado matan físicamente a
los que no tienen acceso, y matan moralmente a los supuestamente beneficiados. Pero además destruyen el entorno humano. Son
antiecológicos por definición.
Para la fe religiosa, la humanidad posee una genética divina. Está destinada a la vida. Y para la fe religiosa, el universo, con sus
potencialidades, es una casa común: la oikos de todos los hijos e hijas del único Dios Padre-Madre. Tener fe en ese Dios de la vida y
en su proyecto para la humanidad, necesariamente exige una total rebeldía frente a ese sistema excluidor, homicida y ecocida.
Monseñor Ignacio Trejos usted ha demostrado valientemente como Obispo que no tienen bozal ante el gobierno y menos ante los
oligarcas, el alto clero debe tomarlo a usted de ejemplo , la iglesia debe estar lejos del poder y cerca de los pobres, sus palabras son
una bella predica, ejemplo fiel de un Pastor y Buen Pastor, que con gallardía es una de las muchas voces que decimos no al TLC,
quiero sin ser teóloga compartir algo que no pasa de moda, aunque algunos asi lo quieran.
La teología de la liberación, precursoramente, salió al paso del neoliberalismo al proclamar la opción por los pobres y sus causas
como la opción de la iglesia, y el criterio ético para la sociedad. Se ha repetido mucho la afirmación del Papa Juan Pablo II acerca de
la teología de la liberación. Es bueno recordar que la teología de la liberación nunca fue comunista; que el muro de Berlín nunca fue la
cátedra de la teología de la liberación; y que el neoliberalismo sí es el mayor muro que la humanidad haya levantado entre una minoría
de privilegiados y la mayoría de los excluidos.
Acerca de la vigencia de la opción por los pobres y de la teología de la liberación basta reconocer que hay pobres, cada vez más
numerosos y cada vez más pobres; confesar todavía al Dios de los pobres y a su hijo Jesús, que los proclamó bienaventurados; y
pensar en la relación entrañable que existe entre esos pobres y ese Dios, entre los pobres y el evangelio.
¿Qué queda de la opción por los pobres? ¿Qué queda de la teología de la liberación? Son dos preguntas que se van haciendo
impertinentes. La respuesta es más que sencilla, insoslayable: mientras exista el Dios de los pobres y haya pobres en el mundo y haya
cristianos y cristianas que opten por ese Dios y por esos pobres, y haya cabezas cristianas que piensen la relación que existe entre los
pobres y el Dios del evangelio habrá opción por los pobres y la teología de la liberación. La opción por los pobres no es, para la iglesia
de Jesús, una opción facultativa, o una más entre otras: es la opción históricosocial de la iglesia, la versión político-económica del
mandamiento del amor.
A raíz de la famosa afirmación del Papa Juan Pablo Segundo, en el avión en que venía a Centroamérica sobre la teología de la
liberación, me llamó un amigo para preguntarme si ya había muerto de verdad esa teología. Yo tenía en la memoria las frases. Del
mismo Papa, en otro vuelo hacia América Latina, acosado por los periodistas, respondió categóricamente: «Yo también soy teólogo
de la liberación». Y, en una carta ya histórica que el mismo Papa envió al episcopado brasileño en una ocasión de alta emotividad,
Juan Pablo II afirmaba que «la teología de la liberación es no solamente oportuna sino útil y necesaria».
Pues bien, esa constante renovación, la renovación mayor de la iglesia, solamente se dará en la medida en que ella se vaya
convirtiendo al Dios de la Vida y de la historia revelado en Jesucristo, y a los excluidos de la historia y de la vida, crucificados con Él;
en la medida en que también ella sepa que está en el mundo no para condenar al mundo sino para salvarlo. Con una salvación integral,
que es liberación total.
Monseñor Trejos usted identifico sabiamente al pueblo costarricense como pueblo pensante y capaz de no dejarse embaucar con un
TLC como el que nos recetan. Es hecho a la medida de los que mas tienen y son enemigos de los pobres y su promoción, la fe
cristiana es compromiso con la verdad y con la justicia, esa que debe estar a favor de los excluidos, y no de las potencias extranjeras y
sus transnacionales.