


Lucha contra el TLC, prensa cavernaria y los movimientos sociales
Oscar Barrantes Rodríguez.
Mostrando una sorprendente decrepitud política, agotamiento de argumentos y desgaste de su arsenal de planteamientos,
editorialistas y columnistas de la añeja prensa oligárquica de Costa Rica, se han hundido en los últimos días en una diarrea de
editoriales y comentarios; atacando al movimiento popular latinoamericano en general y costarricense en particular, con las más
desencajadas diatribas y no menos irrelevantes términos, a propósito de la conocida conflagración social originada por los intentos
de implantar en nuestro país el tendencioso y repulsivo “Tratado de Libre Comercio”.
Han entrado en un vértigo desesperado por justificar, legitimar y hasta oficializar la aparatosa, multimillonaria (dolarizada), indecente
e indiscriminada campaña publicitaria y promocional, con la que infructuosamente, han querido convencer a nuestro pueblo de las
“bondades” del “tlc”. No obstante, se les indigestó el contenido del discurso, por rancio, desvelado, retrogrado y petrificado en la
vieja palestra de la “Guerra Fría” y los despojos pestilentes desprendidos de la misma, que hoy recogen para sus propósitos
acostumbrados; mantener a toda costa la repugnante y ruin estrategia de dominación perpetrada en las metrópolis imperialistas, así
como, insistir en la manipulación, el engaño y la mentira con la que pretenden seguir controlando y humillando a las masas populares.
Se percibe un delirante pánico, una especie de epidemia de espanto subterráneo se expande como un virus, que ha empezado a
contagiar todos los estratos de las estructuras sociales y políticas de las clases dominantes. ¿Que es lo que les está asustando tan
repentinamente? ¿Donde se encuentra la fuente de semejante “monstruo” aterrorizante? Efectivamente es en el editorial de La
Nación del 4 de mayo, en el editorial de La Prensa Libre del 8 de mayo y en otras columnas de distintos rotativos, donde se
descubren las claves y respuestas a estas cuestiones. En los referidos documentos se desgañitan señalando los vínculos y
relaciones en crecimiento, del movimiento social costarricense, con las organizaciones y fuerzas antiimperialistas, populares y
revolucionarias de Latinoamérica.
Se lamentan a gritos por el dolor que les produce el fortalecimiento de la articulación popular costarricense, la extensión de los lazos
y la profunda compactación con el pensamiento bolivariano y la intensa corriente de cambio político y social que se desarrolla desde
el Río Bravo hasta la Tierra del Fuego. Los grupos hegemónicos en Costa Rica tiemblan porque las tendencias del momento
gravitan infaliblemente en torno a la liberación de los pueblos. La intensa marea social está derribando estructuras corroídas, la
telemetría de las detonaciones sociales apuntan a superar la miseria, la ignorancia, la ignominia y el oscurantismo producido por el
dominio imperialista.
Se impone la rebeldía popular a lo largo y a lo ancho de Latinoamérica, la creciente sublevación de las clases desposeídas, la
avalancha de los de abajo aboga por desterrar la explotación a que nos ha sometido el capitalismo depredador. El sentimiento de
una nueva etapa de flujo revolucionario que reclama independencia, autodeterminación, soberanía y justicia social, con la guía del
acervo transformador del ideario de Bolívar y la brillantez de las luces de Martí proyectando vida, unidad y dignidad se afirma como
una perspectiva real.
En Venezuela ha emergido la revolución y su pueblo ha conquistado la senda de la democracia, ha encontrada la posibilidad ejercer
el poder, su poder, el poder del pueblo expresado en participación efectiva en la definición de las políticas sociales, económicas y
de estado, en la realización de los derechos inalienables del ser humano. La Revolución Bolivariana modela los instrumentos
necesarios para recuperar la soberanía sobre el patrimonio, los recursos naturales y las riquezas nacionales. El pueblo toma los
instrumentos y asume el papel determinante para avanzar hacia una sociedad justa, es decir una sociedad libre, soberana,
independiente, democrática y socialista.
Las oligarquías se horrorizan porque Bolivia y Ecuador siguen el ejemplo libertario de la tierra de La Negra Hipólita, Miranda,
Rodríguez y Zamora. Su desvarío no pude ser mayor, cuando se percatan de la vitalidad política, la resistencia, el valor y el decoro
del pueblo cubano y su Revolución. De tal manera, es comprensible la alharaca y la ansiedad de los medios de comunicación y de
los escribanos a sueldo del gran capital. Gesticulan y berrean alborotados por las resoluciones de la última Cumbre sobre la
Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).
No sólo por la positiva evaluación de sus resultados y beneficios para los pueblos miembros, sino que por la declaración de las
agrupaciones y actores sociales participantes, los cuales llamaron a fortalecer los procesos de cooperación, integración y unidad de
los pueblos latinoamericanos, por un lado. Por otro, exhortaron a reforzar la ofensiva continental y a redoblar los combates, para
derrotar los planes de Washington y “la lógica neoliberal e imperialista” (La Nación, editorial 04-5-07). En relación con Costa Rica
los movimientos sociales hemisféricos se comprometieron a apoyar y desplegar “la solidaridad con la lucha costarricense contra el
TLC”. “Como eje de su acción en esta campaña su declaración mencionó el rechazo al referendo sobre el Tratado,...” (La Nación,
Editorial 04-5-07).
¿Por qué se angustian los oligarcas de todos los signos, los peleles confesos del imperialismo, por los llamamientos y acuerdos de
Barquisimeto y Tintorero? ¿Por qué el enojo de los sectores gobernantes por la articulación y el robustecimiento de la solidaridad
internacional con el pueblo de Costa Rica, que se resiste frente a la mayor amenaza de colonización en su historia? ¿Por qué la
súbita alerta y el drama patético de su berrinche?
Así lo han dicho, “Por boca de los mismos actores quedamos notificados, entonces, de su voluntad de incidir en el referendo, y de
colocar un tema local en un contexto de campañas internacionales, inspiradas y financiadas desde gobiernos y organizaciones que
están muy lejos de representar a nuestro pueblo. Todos deberemos estar muy atentos, en los meses que siguen,...” (La Nación,
Editorial 04-5-07)
Efectivamente, su sobresalto no es gratuito ya que no dan crédito a las variantes de los tiempos, ya no pueden actuar con la
impunidad con la que venían tiranizando y corrompiendo a nuestros pueblos, se les está desinflando la soberbia y la altanería de su
absolutismo, están palideciendo sus métodos de dominio, ya no funcionan sus triquiñuelas y mentiras con las que manipularon y
“domesticaron”, al pueblo por muchos años. Ahora amplios sectores sociales despiertan y no se dejan embaucar con el apolillado
discurso de las cúpulas petrificadas_ que se refieren al “pueblo”_ pero, lo cierto es que están hablando de los intereses mezquinos
de la minoría que usurpa el poder. ¿Cuál Pueblo?
Los verdaderos pueblos piensan otra cosa y están tomando la iniciativa, se rebelan y abordan la vía del cambio, los movimientos
populares, las fuerzas políticas de nuevo tipo, la avanzada de la inevitable transformación se engarza en una afortunada, creativa y
coincidente voluntad de coordinación, apoyo mutuo e internacionalismo visionario. La esperanza camina con los puños levantados
por veredas y avenidas, la utopía de los más humildes, el espíritu patriótico por alcanzar “la patria grande” de la gran nación
Latinoamérica y la colisión social, se les atragantó a las desvencijadas clases dominantes de nuestro
país.
En realidad es porque Cuba y Venezuela, Bolivia y Ecuador no son “un club de gobernantes populistas e izquierdistas” (La Nación,
Editorial 04-5-07), más por el contrario son procesos de cambio social y político en fase de transición, que a la vez responden a los
sueños y los ideales de los pueblos y, están enraizados en las demandas, exigencias históricas más sentidas de esas naciones.
Son congruentes con sus necesidades y labran la nueva vida en la tierra fértil de la participación innovadora, siembran la semilla
fresca en el amplio y compacto ejercicio de formas de poder popular, desde donde germina democracia genuina, la que aflora del
pueblo mismo.
Cuando las fosilizadas marionetas movidas desde la embajada yanki, derraman el veneno de su histeria troglodita en expresiones
como; “la soberanía se torna asunto importante cuando se trata de estados Unidos, pero no si quienes se inmiscuyen en los asuntos
del país son otros”. (La Prensa Libre, Editorial 18-5-07). “Su amenaza mas directa es contra sus propios pueblos”, “resoluciones
sobre situaciones internas de otros países“, “la intervención del gobierno venezolano, por vías indirectas, en decisiones que solo nos
corresponden a los costarricenses”. (La Nación, Editorial 04-5-07). Están haciéndose eco sin lugar a dudas, de las fundadas
preocupaciones que atormentan a las clases hegemónicas y sus tribulaciones por el creciente riesgo a perder sus privilegios.
Ese fantasma que con mayor insistencia ronda en las pesadillas de las oligarquías, ante la posibilidad de la quiebra de sus
abultadas ganancias, la liquidación de sus jugosos actos de corrupción y turbios negocios, con los que han venido exprimiendo y
saqueando el patrimonio de los pueblos, el erario público y las riquezas pertenecientes a las colectividades sociales. Es muestra de
la congoja ante el peligro cierto de que las revueltas populares, les arrebaten la condición de clases gobernantes, así como la
posibilidad de seguir acumulando riqueza en una orgía de lucro sin límites, a costa de las mayorías desgarradas por décadas de
oprobio y frustración.
Las cúpulas tiemblan frente al franco “intervencionismo de los movimientos sociales” dado que, éstos se hilvanan fieles a su
concepción internacionalista, cimentada en los principios bolivarianos, martianos y las tradiciones latinoamericanistas de lucha. El
fundamento de su desarrollo subyace en el encuentro edificante, en la concordancia, en la coherencia de objetivos, que conduce a un
torrente de esfuerzos que se amalgaman surcando todas las latitudes del continente, como un movimiento popular y antiimperialista
ampliándose en las conciencias y sentimiento de multitudes, llevando a planos superiores su capacidad de incidencia en el curso de
los acontecimientos y, contribuyendo sostenida y sustantivamente al viraje de la historia.
Los mismos, se sustentan en la integración de las lucha de los pueblos latinoamericanos, mancomunando sus aportes a una
contienda librada en batallas nacionales, promoviendo la unidad para confrontar al enemigo común_ el imperialismo global_ que es
el único y deplorable intervensionista, genocida, terrorista y fuente de barbarie. Los movimientos sociales apuntalan su actuar en la
solidaridad mutua, que le da solidez y confianza a sus contingentes, en su cometido impostergable orientado a liberar a nuestras
naciones, a rescatar y consolidar la soberanía de todas las patrias latinoamericanas.
Es anhelo del polo de los indígenas, de los labriegos sencillos, de la honradez, de la dignidad. Es la alternativa que se talla “golpe a
golpe y verso a verso” desde el Sur, con los cinceles del pensamiento autóctono, proyectivo, vigoroso y tenaz. Son las nuevas
energías sociales agigantándose en el horizonte de nuestro hemisferio, las mentes, las emociones y las manos colosales, que al
norte y al sur del Ecuador, se desplazan diáfanas y triunfantes portando las banderas de generaciones de luchadores y luchadoras,
las gentes de la piel abrazada por las inclemencias y las calamidades. Ahora crecen creyendo en si mismas, elevando al sol las
flamas multicolores del nuevo mundo que con firmeza camina hacia el florecimiento definitivo.
Miembro: Comité cívico de Occidente, Asamblea del Pueblo.
San Ramón – Costa Rica.
Mayo de 2007.