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Álvaro Montero Mejía 15-05-08
Los derechos humanos empiezan con su derecho a comer
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Queridos compañeros y compañeras con quienes compartimos esta voluntad de crítica y este espacio también lleno de esperanza y de
fe en nuestro pueblo, como es la Hora de Silencio. Algunos piensan que venimos únicamente a criticar y a juzgar con severidad las
acciones de este gobierno que está conduciendo a Costa Rica al borde del desastre. Pero esas personas, muchas de ellas de buena
fe, ignoran que la verdad sólo puede surgir de la crítica, del examen más severo de la realidad y que de nada serviría hablar de cosas
buenas, si no ponemos el dedo en la llaga y señalamos el origen de nuestros males.
Acaba de celebrarse en Managua una cumbre destinada a discutir los problemas alimentarios de la región. El tema no es en absoluto
gratuito. América Central es una de las regiones más desamparadas del mundo y sin duda alguna, junto Haití, Bolivia y Uruguay, la más
desamparada de América Latina. Y no es porque nuestros pueblos sean pobres. La riquezas naturales que poseemos son inmensas y
quizás la más importante se encuentra en la generosidad y abundancia de nuestra naturaleza y la calidad y laboriosidad de de nuestros
trabajadores.
Es cierto que en América Central tenemos enormes yacimientos de minerales: bauxita, cobre, oro, titanio, manganeso y además
inmensas riquezas petroleras. Pero la minería no es precisamente la más amigable de las actividades humanas. Sin necesidad de
recurrir a ella, poseemos maravillosos torrentes de agua, bosques, playas y mares cristalinos, montañas y volcanes de una belleza casi
lujuriosa y una biodiversidad que nos da carta de señorío en el mundo entero. Sólo Costa Rica posee más especies de aves que
México, Estados Unidos y Canadá juntos.
Pero nuestros pueblos tienen hambre. Padecer hambre en tierras desoladas como en el África subsahariana, implica una lucha
despiadada contra las inclemencias del clima y la naturaleza. Por supuesto que allí también se podría vencer el hambre si hubiese una
humanidad solidaria. Pero padecer de hambre en Centroamérica, es un crimen contra el que clama la providencia misma. Poseemos
enormes llanuras y abundantes fuentes de agua, sierras y cordilleras feraces fertilizadas por la savia de los volcanes, abrumadores
torrentes, ríos y lagos con los que sería posible impulsar monumentales proyectos de irrigación. Poseemos millones de trabajadores,
muchos de los cuales sólo buscan emigrar para escapar del desamparo y la explotación que viven en sus patrias. Literalmente,
millones de centroamericanos huyen principalmente hacia los Estados Unidos y decenas de miles de nicaraguenses hacia Costa Rica,
porque las economías de sus países no les ofrecen un trabajo honrado y seguro.
Pero Óscar Arias no quiso firmar la declaración de Managua, llena de justos propósitos y observaciones inapelables sobre la situación
que se avecina, simplemente porque en esa declaración no se le rendía culto al Libre Comercio. Pensemos por un momento. En
estricta teoría económica, libre comercio significa plena igualdad entre los que comercian; total imposibilidad para que uno saque
ventaja del otro de modo que ambas partes se beneficien porque el intercambio de bienes o servicios es también un intercambio de
esfuerzos humanos equivalentes.
Pero eso no ha existido nunca ni existirá jamás entre el mundo desarrollado y los países pobres, o medianamente pobres como Costa
Rica. Desde hace siglos, los países ricos impusieron las normas del intercambio desigual, lo que nos obliga a trabajar cada vez más
para producir más y al final, obtener una cantidad cada vez menor de los bienes y servicios que los países ricos nos venden cada vez
más y más caros. Cansa repetirlo, pero nuestros pueblos son productores de bienes primarios y compran las tecnologías,
manufacturas e incluso las chucherías con que nos inunda la sociedad de consumo, a precios crecientes.
Oscar Arias se llena la boca diciendo que somos exportadores de productos manufacturados, como resultado de la tecnología de
punta. Pero es una verdad a medias, la que fácilmente se convierte en una gran mentira. Porque actuamos como un país factoría, en el
que se instala una tecnología traída de afuera, que funciona con métodos de producción importados y generados por las corporaciones
del mundo desarrollado. Aceptamos los “paquetes tecnológicos”, porque supuestamente nos hacen mas competitivos. En lo
fundamental, el saldo que nos queda es exiguo, porque les regalamos una cuota enorme de la mano de obra, que es pagada varias
veces más barata que la obtenida de sus propios ingenieros, técnicos u obreros.
¿Libre Comercio de alimentos cuando los Estados Unidos controlan un porcentaje enorme del mercado del trigo, del arroz, del sorgo,
de la leche o la carne que importan los países de Centroamérica? ¿Libre Comercio cuando desde hace años los ultraconservadores,
los mismos que gobiernan ahora con Bush, proclamaron en el famoso documento de Santa Fe, que los alimentos eran un arma política
indispensable en manos de los Estados Unidos? ¿Libre Comercio cuando subsidian con cifras descomunales a sus propios
agricultores lo que les da toda la ventaja del mundo para impedir la competencia internacional de nuestros productores, para invadir
nuestros mercados con precios de dumping y de paso arruinar la producción local?
¿Ese es el libre comercio que Óscar Arias fue a buscar a Managua? pero hay más. Someter los alimentos a las condiciones de libre
comercio es casi como proclamar el libre comercio sobre la atmósfera y el aire que respiramos. ¿Es una exageración decir que
aquello que es indispensable para la vida, sólo puede ser "libre" en el sentido más humano de la palabra?. "Aire libre"; "alimentos
libres"; "fraternidad y solidaridad como sinónimos de libertad".
Que nadie, ningún hombre, mujer o niño, éste obligado a tener una moneda en el bolsillo para poder comer. A Óscar Arias le decimos:
"No al Libre Comercio de alimentos; si a la vida, si a los derechos humanos, porque la vida y los derechos humanos comienzan con el
derecho a comer”.
Leído en la calle, ante la casa de los Óscar Arias, el lunes 12 se del 05 de 2008 a las ocho de la noche



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