¿Comunista yo? No

por Flora Fernández

La cantaleta más reciente de muchos telecistas ha sido estigmatizar a quienes nos oponemos al TLC, tildándonos de comunistas
porque ya habían agotado el desgaste sindical sin éxito. La diputada Lorena Vásquez y los funcionarios de gobierno que apoyan el
TLC no se han dado cuenta que no gozan de credibilidad porque su gestión ha sido catastrófica y que al hablar en contra nuestra más
bien nos fortalece.

Incluso pusieron en boca de Fidel Castro su desconfianza en el referéndum, cuando en realidad eso lo dijo un compatriota quien tiene
suficientes razones y el derecho para decirlo porque ya son varias metidas de pata del Tribunal Supremo de Elecciones que han
enturbiado el ambiente de esta consulta popular. En todo caso, respecto a las declaraciones que Fidel Castro no hizo, rapidito la
verdad salió a relucir como sucede siempre y quienes mintieron quedaron expuestos.

Sigue siendo extraño que quienes vergonzantemente tienen pasado comunista -caldero-comunistas, integrantes de antiguos partidos
de izquierda y hasta negociadores de “La Hormiga”- son quienes más rabiosamente nos tachan de comunistas a quienes en realidad
somos patriotas honestos que hemos estudiado el TLC y descubrimos la cantidad de barbaridades y chorizos que esconde, por esa
única razón nos oponemos al mismo, no por motivos ideológicos.

Personalmente cursé en la Escuela Angloamericana la educación preescolar, luego pasé a la Escuela República del Perú hasta cuarto
grado en que mis padres haciendo un gran sacrificio económico me trasladaron al Colegio Lincoln, donde muchas de mis compañeras
costarricenses me rechazaron por venir de una escuela pública y fueron las gringas quienes me acogieron y con ellas aprendí el idioma
y a quererlas. En secundaria, afortunadamente las compañeras que me rechazaban se fueron a otro colegio y estoy segura ahora
apoyan el TLC porque para ellas la solidaridad y el amor al prójimo son palabras huecas.

Siendo estudiante en la UCR, asistía a clases por la noche y trabajaba de día, por lo que nunca me involucré en actividades políticas,
muchos de mis amigos militaban en partidos de izquierda y portaban bandera roja, a mí simplemente no me interesó el asunto. Para
poder graduarme más rápido me pasé a la UACA y la única política ahí era rabiosamente anticomunista, por lo que tampoco me
interesó el asunto. Durante todo ese tiempo trabajé en empresas privadas, desde la de mi padre hasta IBM y luego en Naciones
Unidas, para regresar tras la muerte de mi padre a atender las empresas de la familia, ya casada con un conocido solidarista, a quien
apoyé hasta descubrir la farsa del solidarismo.

Con esos antecedentes, ¿quién puede afirmar que yo sea o haya sido comunista?

Aunque suene extraño, ya varias personas que apoyan el TLC “me insultan” señalándome furiosamente como comunista… En esas
mentes los miles que desfilamos el 26 de febrero somos rojos. Yo no los llamo fascistas, neoliberales, oportunistas, serviles o traidores
a la patria… ¡de mi corazón no nace tanto odio!

¿No se dan cuenta que el bumerán que lanzan regresará a cortarles la cabeza? A mí me resbala que me tachen de comunista y me
alegra estar cerrando filas con otros empresarios, intelectuales, jóvenes, ecologistas, agricultores, mujeres, dirigentes comunales y
sindicalistas. Me siento orgullosa de esta Costa Rica que socialmente despierta con los más elevados principios morales,
democráticos y solidarios. Somos los que no tememos al cambio, sino que lo perseguimos porque queremos un país diferente y mejor.


Flora Fernández | Junio 03, 2007