Carta al principal dirigente del Sí

Dr. Oscar Arias Sánchez
Máximo dirigente de la campaña del Sí al TLC
Su casa de habitación
Presente


Estimado señor:

El pueblo de Costa Rica enfrenta hoy una de las campañas más innobles y fraudulentas de su historia. En primer lugar, la campaña
del Sí al TLC que Usted dirige, no distingue, claro está, entre quienes apoyan la firma del tratado o quiénes la adversan. De modo
que todos los costarricenses soportamos por igual la masa de recursos publicitarios dirigidos a exacerbar los prejuicios, el miedo y
las amenazas, con que Usted intenta torcer la conciencia del pueblo.

En segundo lugar, y es quizás lo más lamentable, está el hecho de que sea Usted, nada menos que un flamante Premio Nobel de La
Paz, el que marche a la cabeza de un grupo de políticos que no representan absolutamente nada para el pueblo costarricense, que
no tienen crédito alguno al servicio de la Patria y que son la imagen viva de todo lo que este pueblo está ansioso por dejar atrás.

Evidentemente no somos nosotros los más indicados para mostrarle los peligros del tortuoso camino por el que Usted transita.
Deberíamos dejarlo, en beneficio de nuestra causa en el referéndum de octubre, que continúe Usted su marcha hacia el pantano,
hundiéndose en un terreno cenagoso del que difícilmente escapará. Pero Usted no es cualquier persona. Lo que Usted dice y hace,
sobre todo cuando está lleno de groseras y abusivas alusiones a otros gobernantes de América Latina, de monumentales e
insostenibles falsedades y de mensajes orientados a infundir terror entre los costarricenses, supuestamente menos preparados para
resistir la manipulación y las mentiras, puede tener un efecto nocivo en la conciencia de miles de conciudadanos.

¿No le da Usted vergüenza hacer eso? ¿No le apena saber que resulta absolutamente injusto y malévolo, pervertir el espíritu o la
percepción de la gente más humilde, recurriendo al fantasma de los prejuicios o de las mentiras? ¿Adonde hay ido a parar Usted,
don Oscar Arias, sólo porque los grandes intereses suyos, de sus socios o aliados, le dictan que todo está justificado, que todo se
vale, con tal de ganar un referéndum?

Pero si a Usted no le da vergüenza, a nosotros sí nos da. Si a Usted no le avergüenza convertir su figura de Premio Nobel, en la de
un predicador de feria, que promete el infierno o el puente del Virilla a los asustados pecadores, allá Usted. Porque el pueblo
costarricense merece mucho más. Merecería en primer lugar que Usted, por la función que ocupa, no fuera el jefe de esa tropa de
propagandistas mediocres y mentirosos, que llevan la campaña del sí por los caminos de la penitencia y que le obedecen a Usted
ciegamente. El pueblo merecería que, habiendo explicado Usted su opinión favorable al tratado, dejara que el propio pueblo
escogiera la opción de su preferencia. De ese modo, al menos por una vez, respetaría Usted la Constitución Política de Costa Rica,
que en su artículo 130 textualmente dice:

"el Poder Ejecutivo lo ejercen, en nombre del pueblo, el presidente de la República y los ministros de gobierno en calidad de
obligados colaboradores". Pensamos que escuchó bien. La Constitución dice " en nombre del pueblo" y no en nombre del pequeño
número de beneficiarios del Sí.

Pero Usted es demasiado arrogante. Usted se ha creído a pie juntillas, esa visión superlativa de sí mismo, que lo ha hecho perder la
dimensión de la realidad, que lo hace creer que Óscar Arias no puede ser derrotado. Ha encumbrado Usted tanto su ego, lo ha
hecho crecer tanto con la ayuda de los cortesanos y palaciegos que lo rodean, que bien vale la pena recordar la anécdota: cuentan
que a Víctor Hugo, el más grande poeta de Francia y monumento vivo de las glorias intelectuales de su patria, alguien le dijo una vez:
"Víctor Hugo es un loco que se cree Víctor Hugo". No vaya ha ser, Dios no lo quiera, que ese humilde y pedestre mortal que Usted
es, termine creyéndose el Oscar Arias que han inventado sus aduladores.

Ante eso, nosotros no podemos hacer nada. Al igual que todos los pueblos, desearíamos que nuestros gobernantes tuvieran la
sencillez, la altivez y la sensatez que tuvo aquel viejo gobernante y padre de la democracia chilena, Pedro Aguirre Cerda, quien tenía
como lema la frase  "gobernar es educar". Porque Usted no educa. Usted ha decidido sembrar a su paso la división y el conflicto
social.

Pero el pueblo costarricense, que sí tiene un sobrado sentido de la dignidad y una aguda inteligencia, lo derrotará a Usted en el
referéndum. Las mayorías más conscientes, altivas y patriotas, votarán mayoritariamente por el NO y le infligirán, a Usted, a sus
socios y aliados, una derrota de la que su orgullo vano no podrá reponerse. Porque los derrotados no serán esos pobres publicistas
o los propagandistas a sueldo. El derrotado será Usted personalmente, y nadie más.

¿Qué hará Usted entonces? ¿Renunciará a su cargo y se irá para su casa o aceptará con discreción y prudencia ese fallo inapelable
del pueblo; gobernará para la reconciliación y el reencuentro, o persistirá en la trastornada actitud de cobrar venganza?
¿Reconocerá Usted que el pueblo ha decidido reemprender la marcha en la construcción de un estado solidario y fraterno; sin
cederle a las empresas trasnacionales los negocios del ICE, del INS, las fuentes de agua o las inmensas riquezas del mar
patrimonial, o recrudecerá su empeño por vender a Costa Rica? No lo sabemos.

Lo que sí sabemos, de lo que sí estamos seguros, es que el pueblo costarricense ha echado a andar y que su conciencia ganada, su
sentido de la dignidad recobrado, sólo tiene una salida: la derrota definitiva de lo que Usted representa: el neoliberalismo y el
anexionismo.

Leído ante la casa de Oscar Arias el lunes 13 de agosto 2007





José Miguel Corrales Bolaños              Álvaro Montero Mejía