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Álvaro Montero Mejía  18-03-08
¡Camino a la dictadura: un paso más!
Todo el montaje, absolutamente burdo, no está orientado a afectar al educador dueño de la vivienda allanada, puesto que contra él o su
esposa, no hay un solo cargo que se sostenga. El montaje esta orientado a afectar la creciente unidad del movimiento patriótico y a
algunos de sus dirigentes más reconocidos.
Apreciadas compañeras y compañeros, amigos y amigas:

Desde hace muchos años, costarricenses de todos los partidos políticos han mantenido relaciones abiertas y francas con las FARC.
Esa relación estuvo marcada por el justo sentimiento que la guerra interna de Colombia, que tiene más de 60 años, debe terminar con
un acuerdo negociado. Pero los EEUU y algunos gobiernos a su servicio, creen en la escalofriante tesis de que esa guerra, debe
concluir con un triunfo militar del Gobierno. Pero en la que están involucradas todas las fuerzas poíticas, militares y económicas en que
se fractura irremediablemente ese hermano país, es decir, los narcotraficantes, el gobierno propiamente dicho, el ejército colombiano,
los ejércitos insurgentes como son las FARC y el ELN y los paramilitares y obviamente, la guerra sería una guerra totoal e interminable,
Esta tesis de una victoria militar, además de descabellada e inhumana, es en lo fundamental, la propuesta del Plan Colombia,
impulsado y financiado por los EEUU. Esta es la tesis que sostienen los periódicos de la extrema derecha nacional, principalmente La
Nación y Al Día, a los que ahora se suma el gobierno de Arias.

Esa guerra interna, está acompañada de una extrema violencia y por supuesto, de innumerables errores y hasta crímenes, cometidos
por los grupos revolucionarios, tales como los secuestros extorsivos de personas inocentes, por los que el mundo entero clama su
liberación, como es el caso de Ingrid Betancourt. Pero la prensa indecente, como queremos llamarla, vocera de los grupos más
extremistas del imperio y de nuestros propios países, intenta exonerar la alianza entre el Gobierno de Uribe, el ejército, los
narcotraficantes y los paramilitares organizados por los terratenientes, cuya criminalidad no parece tener límites.

Nosotros no podemos resolver eso conflicto. Esa es una tarea que le compete por entero a los colombianos. Pero podemos combatir
las tesis guerreristas a las que ahora parece sumarse el Gobierno de Arias y podemos exigir una negociación donde se sienten todos
los involucrados, inocentes y culpables, criminales desalmados y humanistas, junto a los representantes lúcidos y pacifistas de la
sociedad colombiana, para resolver de una vez por todas, ese amargo conflicto, atizado con armas, tropas, apoyo logístico y poderes
mediáticos, por el gobierno imperial de los EEUU.

En nuestra lectura, los ponemos al tanto del burdo montaje orquestado por el gobierno de Arias y la prensa indecente, para involucrar,
imagínense Uds, a respetables luchadores sociales, con la organizción guerillera FARC, la que ha sido previamente satanizada por
una intensa campaña. Pero todos sabemos en el cotarro de la política doméstica, que desde hace años muchos políticos, de todos los
partidos y principalmente de Liberación Nacional (podríamos hacer una lista pero es D. Fernando Berrocal el que debe darla y decir
por qué razón se sorprende de eso), se han reunido con representantes de la FARC con la noble e insospechada intención de
contribuir al diálogo interno en Colombia, procurar la paz y facilitar la liberación de rehenes y prisioneros de todos los bandos.

Esta es, pensamos nosotros, la pura verdad. Ahora los invito a leer nuestra lectura y como siempre, sus comentarios serán bienvenidos.

¡CAMINO A LA DICTADURA: UN PASO MÁS!
Alvaro Montero Mejía

Cuando iniciamos nuestra protesta, estábamos movidos por la apremiante obligación de defender la libertad de opinión, violada por
Oscar Arias y su gobierno, cuando decidieron clausurar intempestiva y arbitrariamente, el programa Diagnóstico.

Por muchos años, los pueblos han  estado atrapados por calificativos o definiciones, a los que deben rendirles pleitesía sin conocer su
verdadero significado. Ciertas categorías universales tales como “elecciones libres”, “libertades ciudadanas” e incluso “democracia”,
terminan siendo palabras absolutamente vacías, si no las convertimos en el objeto de un análisis riguroso, que nos permita
confrontarlas con la realidad concreta.

En Costa Rica, la inmensa mayoría de los ciudadanos damos por sentado que vivimos en una democracia y que celebramos cada
cuatro años elecciones libres, pero aceptamos esas definiciones sin enfrentarlas con la vida diaria. Pero es la vida misma la que nos
ha demostrado la profundidad de nuestro error. Durante el tiempo que lleva este gobierno hemos observado con nuestros propios ojos
y nuestra propia conciencia, la erosión o la franca destrucción de valores y principios que habíamos logrado transformar en normas
constitucionales. En pocas palabras, hemos visto constituirse un régimen dictatorial.

Hace 12 meses clamábamos aquí por la restitución de la libertad de opinión, por la libertad de expresión y la libertad de información,
porque un medio de comunicación había sido clausurado. Pero ahora, el régimen ha avanzado en su sistemática demolición del estado
de derecho. Ya no existe en Costa Rica un sistema medianamente confiable de libertades electorales, porque ese sistema ha quedado
completamente en las manos del gobierno de los Arias. Tampoco existe una Sala Constitucional que nos garantice un sólido resguardo
de nuestros derechos ciudadanos o que sea un verdadero escudo de la soberanía y la independencia nacionales. También han dejado
de existir, como hemos insistido desde este lugar, una auténtica división de poderes del Estado y ha sido violada y tirada por los
suelos, la majestad de la Asamblea Legislativa.

En estos mismos días, los aparatos policiales del gobierno, en franca connivencia con jueces y funcionarios venales, violaron el
domicilio de un eminente educador, sin abrirle una causa penal y sin aportar una sola prueba seria sobre la comisión de un delito.
Bastó un simple contubernio con los aparatos de seguridad de un estado extranjero, sobre cuya legitimidad u honradez nadie posee la
menor prueba, para realizar un montaje apoyado por algunos pasquines de la extrema derecha en el que pretenden involucrar, de la
manera más espuria y antiética, a notables luchadores cívicos de nuestro país.

Detrás de los escuadrones policiales del gobierno irrumpieron, en la sacrosanta privacidad de un domicilio, las huestes del periodismo
indecente, que fortalecían su escándalo y su montaje asegurando que en las paredes de la casa violentada, colgaban los retratos de
conocidos dirigentes revolucionarios.

De esta manera, estamos advertidos los costarricenses. El régimen de los hermanos Arias ha dado un nuevo paso, ahora con esta
franca y desvergonzada ruptura del orden constitucional.

La dictadura de los Arias ha terminado por instalarse. Porque ¿Cómo denominaríamos a un gobierno que irrumpiera en los domicilios
de los banqueros o los políticos, que hurgara en sus cajas de caudales y encontrara, con la ayuda de algún gobierno delator, los
dineros provenientes del narcotráfico, o las remesas de Noriega o los sobornos de Taiwán, y asegurara que la denuncia está escrita y
confirmada en una computadora a prueba de bombas y recogida en un campo de batalla?

Todo el montaje, absolutamente burdo, no está orientado a afectar al educador dueño de la vivienda allanada, puesto que contra él o su
esposa, no hay un solo cargo que se sostenga. El montaje esta orientado a afectar la creciente unidad del movimiento patriótico y a
algunos de sus dirigentes más reconocidos. Esa acción inmoral, constituye una vieja e infame práctica, si recordamos los dólares
decomisados a un narcotraficante en el aeropuerto Juan Santamaría.

Hasta estos inauditos y retorcidos procedimientos llega el régimen de los hermanos Arias y el periodismo indecente, en su marcha por
afirmar su dictadura y evitar el ascenso, inevitable, del movimiento patriótico que terminará por sacarlos del gobierno.

Es por eso que La Hora el Silencio ha dejado de ser el reclamo por la restitución de la libertad de opinión o la recuperación de un
programa de opinión. La Hora Del Silencio, ha dejado de ser el lugar donde habla este ciudadano que les habla, para convertirse en la
tribuna nacional donde eleven su voz y su protesta los valientes ciudadanos o ciudadanas que denuncien la tétrica marcha de la
dictadura. La Hora Del Silencio, es propiedad de todos los patriotas. Se ha convertido en el lugar de encuentro al que debemos asistir
quienes estemos dispuestos a restituirle a la Patria las libertades públicas que conquistó con particular esfuerzo y sacrificio y que
ahora han sido derogadas por el régimen de los hermanos Arias. Que ningún patriota se deje amedrentar.

De nuevo repetimos la hermosa consigna de Rolando Araya: “de pie Costa Rica”.

Leído en la calle, frente a la casa del jefe de la dictadura, el lunes Santo, 17 de marzo de 2008.